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PROFUNDIZAR EN EL ARTE

En los ultimas veinte años en España se han dado pasos de gigante en la socialización -en las posibilidades de acercamiento- al arte contemporáneo, desde la creación del IVAM hasta el Guggenheim Bilbao a las becas o premios que se dan a artistas como las de Unión Fenosa, instituidas en 1989, presentes aquí­ y ahora en esta IX Mostra del Museo de Arte Contemporáneo de Unión Fenosa (MACUF).

En los Museos se presentan hoy las exposiciones como un dis-curso (esto es, un camino arreglado]. ya cronológico, ya formal, que ayuda a los espectadores a comprender la obra de un artista o de un momento. Las exposiciones suelen tener sus desplegables informativos, sus guías especializados y sus talleres didácticos (con pedagogos para los escolares y para sus profesores). Nunca ha estado el complejo mundo del arte tan a mano del gran público, como lo están también las playas de tantas geografías cercanas o remotas.

Acercarse al arte, sentir, apreciar o “entender” las obras de arte, es una experiencia (y un placer) similar en su forma de conocimiento a sentir y disfrutar del mar. El mundo del arte es una gran cala de la cultura humana. Hay a quien el mar le atemoriza a distancia; hay a quien le atrae. Unos lo disfrutan desde la playa, otros desde las rocas. Unos se mojan y otros nadan; y hay quien. bucea y se sumerge hasta contemplar en profundidad su vida abismal, peces y corales de colores, en estas frías calas gallegas o en aquellas templadas pero tambien refrescantes del Caribe.

El mundo del mar depende de cómo uno se aproxime a él, y le dedique su tiempo: aprendizaje y energía. El escritor francés Albert Camus decía que ” en las playas de Argel no se dice ‘tomar un baño’ sino ‘pegarse un baño”. Lo mismo pasa con el mundo del arte contemporáneo, tiene sus calas y su vocabulario. Tiene sus niveles de conocimiento, es decir, de profundidad. Y también, como todas las playas y todas las costas, da cuenta de naufragios y de gozos, es decir, de historia. Pero la historia que componen las obras de arte no es una historia lineal, sino como las olas del mar recurrente: vuelven siempre las mismas aguas formando nuevas arenas.

Depende tanto de lo que queramos bucear en él como de lo pertrechados que estemos para ello, es decir, de las herramientas o equipo que llevemos encima como de nuestra preparación fisíca. A esta formación necesaria para el disfrute de la vida humana, no de la simplemente animal, los griegos llamaron Paideia, los alemanes llaman Bildung, y aquí podemos llamar “equipaje cultural”. En las aguas de un Museo podemos chapotear, disfrutar nadando … y llegar a bucear en la historia del arte.

En Elogio de lo visible de 1996 Jean Clair, pseudónimo de Gerard Regnier (París 1940) hasta hace poco director del Museo Picasso de París, se plantea el mecanismo de la visión y de La representación. El subtítulo del libro indica la Línea de referencia de toda La obra: “Fundamentos imaginarios de la ciencia”. Nos explica cómo la ciencia avanza linealmente en sus conocimientos, esto es, borrando sus huellas. A la ciencia sólo le interesa el resultado, el avance. La ciencia se niega a mirar atrás como no debería haber hecho Orfeo ni la mujer de Lot. En cambio el arte no deja de estar mirando y reconstruyendo todo su pasado, y a ello se ha dedicado especialmente el siglo XX.

Los mecanismos de la representación, es decir, La interpretación de “Lo que vemos” en la anatomía, en La física, en La astronomía o en el psicoanálisis se basa en La imaginación. ¿No interpreta el controlador aéreo una pantalla como desea el psicólogo interpretar un test de manchas? ¿Cuales son sus procesos y mecanismos neuronales?

¿Qué se entiende cuando no se entiende? ¿Qué no se comprende cuando se comprende? De estas dos preguntas acosado marcha el pensar como guiado por dos mojones de lindero, dos límites de todo método o forma de caminar de nuestro conocimiento. El asombro es el comienzo de todo pensar, parece que llegó a pensar Aristóteles: el mundo del pensamiento se abre, se alumbra, salta la chispa, cuando el hombre empieza a entender que él no ha entendido nada.

Lo primero es saber qué es lo que no sabes, el reconocimiento del desconocimiento de ciertos temas. Aplíquese a los arquitectos de laboratorio o de revista, que nunca se han encontrado con los problemas a pie de obra, que son los propios de la construcción. ¿O no se dedica La arquitectura a la construcción?

¿Observa el crítico desde su orilla la marcha y navegación de las obras de arte? Según Achille Bonito Oliva, comisario de la Bienal de Venecia en l993, antes de ser comisario de la misma Jean Clair, esa es la función no del critico sino del historiador del arte, un parásito: “no hay figura más parasitaria en todo el sistema de las artes que la del historiador. Trabaja asegurado por el tiempo, que ya es pasado y que ya ha garantizado a los artistas su grandeza. La figura del crítico de arte es por el contrario una figura heroica, si es un crítico militante. Se atreve al peligro y asume la responsabilidad”. Estas son las palabras de un critico más que militante sujeto, por supervivencia y espectáculo, a La propaganda, es decir, un critico abriendo marketing.

En las antípodas de este pensamiento se encuentra el de Jean Clair. En esta batalla escenificada, donde se atribuye el papel heroico, están los términos cambiados de lugar. ¿No es el crítico el parásito de cada día, y el historiador crítico (el que objetiva. y por lo tanto juzga) un elemento de higiene, de limpieza y reestructuración?

¿Coincide la sinceridad subjetiva (la verdad personal) con la adecuación objetiva (la verdad de las cosas)? La mirada implica una selección del entorno, una previa interpretación o enfoque del mundo y una capacidad de penetración. En la puesta en marcha de ésta -como saben los enamorados- se revelan las intenciones (en selección y en enfoque) de La mirada. En palabras de Machado ‘”El ojo que ves no es/ ojo porque tú lo veas:/ es ojo porque te ve'”. Como Tycho Brahe o como Kepler los historiadores de arte leen un firmamento de creación.

Son observadores que Levantan acta, son notarios que escriben un protocolo de lo que sucede, algo que otros teólogos de La escritura o científicos a veces no llegan a ver. La recepción d una obra del pasado está sujeta a un horizonte de expectativas en permanente cambio, y se va transformando con el tiempo, y con ello va encontrando otro lugar distinto al que tenía anteriormente. Más dificil aún es La valoración de Lo actual: dónde está el canon de belleza, quién lo arbitra? EL debate sobre el canon es también un debate sobre cada generación. Canon parece ser una palabra acuñada para el arte por el escultor griego Policleto que hablaba de las proporciones ideales del cuerpo humano. Su estatua de bronce, realizada entre el 450 y el 440 a.c., El Doríforo ya no existe pero se ha transmitido en más de 70 repeticiones. Es una de Las obras fundamentales para entender el concepto de kanon. Asimismo Policleto firmó un escrito que determinó las proporciones del cuerpo humano y sus medidas. Su texto también se han perdido, pero permanece la palabra que en griego tenía dos significaciones: caña como medida y jalón como punto de la medida. En un sentido metafórico es también la medida exacta, “‘línea recta'” o ‘”medida recta” del sentido del cuerpo humano, es decir, la clásica completitud de cuerpo y de espíritu, pensamiento acción. El problema artístico entre movimiento y estática, entre el contraposto de representar el movimiento y hacerlo en una forma inerte está presente en el “doryphoros” (portador de la lanza) de Policleto y por eso sirvió de cánon durante tantos años.

Cánon significa desde entonces santificación, ¿pero cómo se hace que las obras de arte se elevan al santoral? Desde luego en la vida real no se separan las extremidades, ni se las amplía en proporción ni se ajustan las cabezas a la longitud del cuerpo. Eso lo hace Policleto en su escultura, pero su canon no hace que la escultura egipcia ni Fidias nos dejen de interesar.

Otra cosa es la visión canónica (sea antigua sea de moda, que también hay una contemporaneidad evangelizadora) de la literatura o del arte que otorga listas (y tras ellas premios, becas, etc.). Listas que dan pena por sus ausencias. Los verdaderos lectores encuentran libros en listas y sin canon ¿por qué uno debe de leer exactamente 100 libros y no se ha tropezado, por ejemplo, con Heinrich Mann, el hermano olvidado? El mundo de los libros, como el mundo de las obras de arte es demasiado bello y demasiado abierto para juicios determinados, aunque en un jurado siempre tendremos que dejar a un lado algunas propuestas. Nuestra selección no quiere decir que sea la mejor. Pensamos que los buenos críticos son los que hacen interesarse a los lectores en la lectura, no los que cuantifican listas de libros, sino los que leen y los recomiendan. Por eso invitamos aquí más que a leer a ver las obras de los participantes.

No hay actividad humana que pueda compararse a la de mirar y seleccionar el firmamento compuesto por las obras de arte a la hora de establecer distancias entre unas y otras, tanto de artistas diferentes como entre las obras de un mismo artista. El criterio de calidad es algo mercurial, se escapa entre los dedos, y preferir es querer solidificarlo. Pues el arte, en palabras de Jean Clair, posee un valor de canje entre lo visible y lo invisible, entre el mito y la historia, entre el tiempo sacro y el día a día profano.

Pero como en el mar, o en la práctica de todo deporte, el participante tambien ha de dedicar horas, ejercitarse. El método es sencillo: ir a los museos, revisitarlos con mirada critica, hacer gimnasia visual, contemplar sin prejuicios y preguntarse porqué el hombre es el único animal que deja huellas visuales tras de sí, huellas o imágenes que tienen la virtud, como la cabeza de Nefertiti, de traspasar el tiempo y ser contemporáneas.

Pero sobre todo, el visitante -el que además de nadar quiere bucear- debe estar abierto a disfrutar, con los ojos y con el corazón. Retomando otras palabras de Camus: naveguemos “con todas las velas abiertas a un brisa definida, sobre un mar claro y musculoso”.

Kosme de Barañano